Madrid ya tiene el calendario de junio resuelto: unos irán a ver al Papa y otros a Benito. Y, quién sabe, quizás más de uno termine preguntándose si León XIV se pasará por «La Casita» de Bad Bunny o si el artista puertorriqueño aparecerá entre los miles de fieles que recibirán al pontífice. Improbable, sí. Pero esta ciudad está a punto de vivir una de esas coincidencias que parecen escritas por un guionista con mucho sentido del humor.
Mientras el papa León XIV protagonizará actos religiosos multitudinarios, encuentros con jóvenes y recorridos por distintos puntos de la capital, Bad Bunny convertirá el Riyadh Air Metropolitano en el epicentro del reguetón con una residencia de diez conciertos que ya reúne a cientos de miles de seguidores.
La ciudad se dividirá, al menos simbólicamente, en dos grandes grupos: quienes acudirán a las celebraciones religiosas y quienes harán fila para cantar «DtMF», aunque no faltarán los curiosos que intenten vivir ambos acontecimientos en un mismo fin de semana.
La coincidencia de eventos obligará a reforzar el transporte público y provocará restricciones de tráfico en varios puntos. En el entorno del Metropolitano podrán producirse cortes en la avenida de Arcentales, plaza de Grecia, avenida de Canillejas a Vicálvaro y calle Suecia. Metro de Madrid también ha anunciado refuerzos de trenes y frecuencias para absorber la elevada demanda de viajeros.
Y por si fuera poco, el calor también será protagonista. Las autoridades han advertido sobre jornadas con altas temperaturas y han recomendado a los asistentes mantenerse hidratados. Sin embargo, todo apunta a que Madrid estará todavía más caliente por la combinación de fervor religioso, turismo masivo, conciertos multitudinarios y una ciudad llena de visitantes.
El impacto económico tampoco pasará desapercibido. Hoteles, restaurantes, comercios y servicios de transporte esperan una fuerte actividad durante estas semanas. La coincidencia entre la visita papal y los conciertos de Bad Bunny ha impulsado la ocupación hotelera y las previsiones de gasto turístico, dejando beneficios para numerosos sectores de la economía madrileña.
Durante varios días, Madrid será escenario de una imagen poco habitual: peregrinos con rosarios y fanáticos con gafas de sol caminando por las mismas calles, todos buscando llegar a tiempo a su cita. Porque en esta ciudad, al parecer, hay espacio tanto para el «amén» como para el «perreo».
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