Con cerca de 20 millones de visitantes al año, la capital de Países Bajos lleva tiempo aplicando políticas para frenar la saturación turística. En 2023 incluso fue incluida en la lista de Fordor´s Travel como un destino que se debería evitar. Entre las medidas ya adoptadas figuran la limitación de nuevos hoteles y el fin de campañas de promoción internacional.
Cruceros igual a turismo masivo
Los grandes cruceros se han convertido en uno de los principales focos de controversia. Las autoridades consideran que estos buques contribuyen tanto a la masificación del centro histórico como a la contaminación atmosférica, además de obstaculizar proyectos urbanos como la construcción de un nuevo puente sobre el río IJ.
El traslado de la terminal fuera del centro es otra opción estudiada, aunque se estima que tendría un coste de unos 85 millones de euros. Sin embargo, la alternativa más drástica —y cada vez más apoyada— es la prohibición total en 2035.
Algunos funcionarios han llegado a comparar el impacto de los cruceros con una “plaga de langostas”, señalando que representan un modelo de turismo intenso que la ciudad quiere dejar atrás.
Protestas y presión ambiental
La presión social también ha influido en el debate. En julio, activistas del movimiento ecologista Extinction Rebellion bloquearon con canoas inflables la llegada del crucero Celebrity Eclipse, con capacidad para 2.850 pasajeros. Tras dos horas de retraso y la intervención de las autoridades portuarias, el barco pudo atracar y cinco manifestantes fueron detenidos.
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