
En un mundo que corre con tanta velocidad el sector turismo no escapa a esta inmediatez. Los tours suelen tener programas cargados con poca posibilidad de disfrutar de los lugares turísticos y de descubrir otros con igual o más de relevancia de los ya acostumbrados a visitar. Ante esta realidad emerge la necesidad de un turismo que vaya despacio, a nuestro ritmo, un turismo “slow”.
La propuesta es hacernos más consciente de nuestros viajes, sin itinerarios tan apretados, más de cerca con la gente y la cultura local, menos hoteles todo incluido y más hospedajes en contacto con la naturaleza.
La República Dominicana no está de espalda a esta realidad, y si bien el turismo de sol y playa ha sido históricamente el protagonista en nuestra isla, el slow travel comienza a abrirse paso, siendo una alternativa profundamente humana y altamente sostenible.
Aquí solo algunas propuestas:
El Valle en Samaná
Aquí no hay grandes resorts, sino los denominados ecolodges o albergues ecológicos gestionados por locales, con prácticas agrícolas sostenibles y la posibilidad de desconectar de todo lo urbano. Desayunar, comer o cenar en este ambiente es de ensueño, ya que mientras lo haces puedes disfrutar del canto de los pájaros o de las luces de las luciérnagas. Ni qué decir de la playa que lleva el mismo nombre, abrazada por montañas y con una tranquilidad que te invita al descanso.
Sabana de la Mar en Miches
Es uno de los tesoros mejor guardados de la República Dominicana y que, antes de ofrecerlo al extranjero, debería disfrutarlo el nacional dominicano. Como todo pueblo pesquero, no tiene prisa, así que puedes disponer del día para convivir con las familias locales, disfrutar de la comida criolla y perderte entre sus manglares o en el Parque Nacional de los Haitises.
La Isabela en Puerto Plata
Un lugar alejado de la masificación, una joya escondida. Cuenta con un Parque Nacional Histórico y Arqueológico, porque La Isabela tiene historia y quiere ser contada despacio y escuchada con atención.
La Sierra de Neiba
Llegar a este destino es casi hablar con Dios. Un lugar montañoso que inunda de paz y mucho sosiego. Conocido por su producción de café y uvas y por las Caritas de los Indios, lugar arqueológico que agrega valor cultural a la aventura.
Los retos del turismo slow en República Dominicana
Mas promoción del turismo alternativo.
Si bien en los últimos años el Ministerio de Turismo (MITUR) ha realizado un trabajo encomiable promocionando destinos como Miches o Samaná, la realidad es que las campañas no han sido tan sostenidas como para posicionar internacionalmente estos lugares como una experiencia diferente y sin contar que en RD hay muchos rincones donde disfrutar lejos de la prisa y el bullicio.
Modelo turístico “Todo incluido”.
Esta estrategia tiene años dando buenos resultados, pero no en todos las regiones del país debe replicarse este modelo, más bien hay que darle al viajero más alternativas, una que vaya en contraposición al turismo de masas. Hay que diversificar la oferta donde la esencia sea el tiempo de calidad y la conexión local.
Infraestructura en zonas rurales.
Muchos de los destinos que ofrecen el slow travel carecen de carreteras en buenas condiciones, así como también de señales turísticas, acceso a servicios básicos, electricidad o internet. Esta realidad desincentiva al turista en general, pero sobre todo al internacional.
Capacitación comunitaria
La formación en los comunitarios es vital para que sean ellos los protagonistas de la oferta que harán a nacionales y extranjeros. Idiomas, atención al cliente, herramientas digitales, entre otras capacitaciones, serían esenciales para quienes estarán al frente de la propuesta del turismo slow.
Datos sobre el perfil de este viajero
Contar con información sobre el perfil del turista (rango de edad, nivel socioeconómico, lugar de procedencia, motivación) permitiría hacer un levantamiento y diseño más enfocado en sus necesidades e intereses.
Otro estudio relevante sería ponderar el impacto económico de este tipo de viajes para el país, con el objetivo de orientar políticas específicas y estrategias de promoción más efectivas.
Cada vez más, el turismo slow se convierte en una necesidad, más que en una opción y República Dominicana debe estar en la capacidad de ofrecer esta experiencia auténtica y sostenible.
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