En pleno corazón de La Plata, frente a la Plaza Moreno, se levanta uno de los edificios religiosos más impresionantes de Argentina: la Catedral de la Inmaculada Concepción. En construcción desde 1884, fue apenas en 1999 (115 años después) cuando se terminaron de levantar sus torres.

«Las catedrales nunca se terminan de construir», recuerda uno de los guías del Museo de la Catedral, y añade que son edificaciones que requieren mucho mantenimiento. Esta en particular, pues está levantada sobre unas columnas que permitieron elevarla, al mismo tiempo que fueron un desafío estructural y con los años han sido reforzadas con hierro y concreto.
Hoy, sus torres dominan el paisaje urbano y el templo católico se ha convertido en una referencia arquitectónica para Latinoamérica y en un punto de ubicación, tanto para los residentes como para los turistas que descubren la ciudad.
La construcción de la Catedral comenzó apenas dos años después de la fundación de La Plata, bajo la visión del arquitecto Pedro Benoit, quien se inspiró en catedrales europeas, como la de Colonia, en Alemania. El resultado fue una obra que impresiona, incluso a quienes han recorrido muchas de las antiguas catedrales de Europa.
Construida principalmente con ladrillo a la vista, una característica poco habitual en edificios de esta escala, destaca cómo se impone en el paisaje y no es coincidencia, debido a que fue concebida como parte del proyecto de una ciudad que nació planificada.

Este templo es, sin lugar a dudas, uno de los principales atractivos turísticos de la provincia Buenos Aires.
Un viaje por su historia
La catedral ofrece un recorrido guiado por su historia. Debajo del templo católico funciona el Museo Eclesiástico de la Catedral de La Plata, un espacio que permite comprender la magnitud de la obra y su significado para la ciudad. Tiene una exposición dedicada a la historia de la construcción, los materiales utilizados y las personas, principalmente migrantes italianos y gente de provincias cercanas, que participaron en el proyecto.
También impresiona ver los cimientos de la obra y los diferentes materiales usados para levantarla. Además, guarda un patrimonio religioso de alto valor para los creyentes, como tejido del corazón de un santo local hasta un báculo que el Papa Francisco le regaló al entonces arzobispo.

Esta catedral alcanza los 112 metros de altura y alberga también un mirador en una de sus torres, la dedicada a Jesús, desde donde se puede apreciar la ciudad y su torre gemela, dedicada a su madre, María.
El acceso al mirador es a través de un ascensor, cuyo cupo es limitado, así que es recomendable reservar la visita o llegar con tiempo.

Desde la altura de la torre se puede apreciar parte del diseño cuadriculado de la ciudad, otros edificios monumentales que también forman parte del llamado eje fundacional de La Plata, la Plaza Moreno y, se dice que en días despejados se alcanza a ver hasta el río que lleva el mismo nombre de esta capital.
La iglesia exhibe, además, una serie de vitrales que cuentan parte de la historia del cristianismo.
Como otras catedrales referentes en el mundo, la de La Plata supera su vocación de templo para ser también un ícono que combina arte y patrimonio arquitectónico.
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