Reconociendo el turismo del dolor

Recientemente participé del  taller de Turismo y Creatividad Sostenible impartido por el periodista y educador, Miguel Ledhesma. Profesionales del turismo de diferentes ramas y países participaron en el curso, haciéndolo realmente enriquecedor y sumamente diverso. 

A mitad del taller Ledhesma preguntó qué es el “turismo del dolor”, y debo confesar, que hasta ese momento no tenía referencia alguna sobre este término. Sin embargo, eso no fue obstáculo para echar a volar la imaginación, llegando a mi mente imágenes de hospitales, aparatos de torturas, cementerios y lugares donde se ha producido alguna tragedia.

“Visitar lugares que tengan que ver con la historia y actos o hechos que hayan presentado dolor para la humanidad”, fue la respuesta de Nahuel Alonso, compañero argentino con quien compartí en el curso. Miguel asintió agregando que es visitar un lugar trágico, ya sea por un evento natural, guerra o algo ligado al terrorismo. En ese preciso instante supe que aunque no sabía del concepto había hecho este tipo de turismo en varias ocasiones.

Mis recorridos a lugares de dolor

Cuando fui a Berlín, uno de los primeros lugares que nos motivó, a mis amigos y  a mí a visitar esta ciudad, fue conocer el Muro, ese que mantuvo a la capital de Alemenia divida en dos durante 28 largos años, trayendo dolor y lágrimas a muchas personas  que quedaron atrapadas en un lugar u otro de la ciudad, distanciando así a amigos y familiares.

Por igual, en Berlín visitamos el Punto de control Charlie, por donde solo podían pasar en la plena Segunda Guerra Mundial, militares, extranjeros y funcionarios. Hoy en día han recreado el puesto y se ve como estaba entre 1945 y 1990, año en que fue demolido. Cerca del Checkpoint Charlie, como se le conoce en inglés, también asistimos a un museo a cielo abierto donde se explica la historia y el porqué de la construcción del muro.

Solo oír el nombre de la “Topografía del terror”, aterra; pero  nosotros nos vimos motivados a querer visitar este museo. Es bueno destacar que  una parte es bajo techo y otra gran parte es al aire libre. Este edificio que fuere sede de oficinas como la Gestapo (Policía Secreta del Estado), también fue lugar de torturas a muchos presos políticos. En la Topografía del terror pudimos apreciar otra parte del muro que todavía existe.

Una de las veces que fui a Madrid, decidí visitar el Monumento 11M, ubicado frente a la estación de trenes de Atocha. Esta construcción erigida para recordar las víctimas del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004,  tiene forma cilíndrica y dentro se pueden leer muchos de los mensajes que personas dejaron en el lugar luego del horrendo hecho.

En Ámsterdam pusimos en agenda visitar la casa de Anna Frank, ya que para nosotros era importante estar “dentro del diario” de Anna y qué mejor forma de hacerlo que visitando “la casa de atrás”.  Sin embargo llegamos tarde (su horario es hasta las 7:00 p.m.), y esa es una de las excusas que tengo para querer volver a esa ciudad y conocer más a la niña judía y su familia, que se mantuvo oculta de los alemanes nazi en los Países Bajos. Raquel Gloria, otra de las compañeras del taller, comentaba que Anna Frank todavía  hoy “es un motor de fuerza para decir, si ellos pudieron nosotros por qué no, con todo lo que hoy tenemos”.

He visitado, como millones de turistas, la zona de World Trade Center en New York, hoy denominada Zona 0. El Monumento Nacional y Museo al 11-S (National September 11 Memorial y Museum)  nos recuerda las más de 2500 personas que murieron en el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, y el dolor y sufrimiento que trajo al mundo.

En Santo Domingo, República Dominicana, cada vez que viene un familiar o un amigo/a, les sugiero visitar el Museo Memorial de la Resistencia, lugar que nos recuerda con cuanto dolor se ha forjado el pueblo dominicano, pero también nos cuenta la historia de hombres y mujeres valientes que han legado un ejemplo digno de emular a pasadas y futuras generaciones.

Otros lugares para visitar

En el taller Turismo y Creatividad Sostenible, conforme avanzábamos el curso, algunos compañeros y compañeras mencionaban lugares de sus países que lo han dispuesto para ese turista que busca aprender más sobre la historia de los sitios que visita, aun cuando esa historia conlleva dolor y muertes.

Andrés Sarmiento, nos dijo que en Chile tienen la Ruta de la peste, que se enfoca en aquellas enfermedades como la viruela, la tuberculosis y el cólera que afectó a los chilenos en diferentes momentos de su historia. Dentro del recorrido está el ex hospital San José  y el Cementerio General,  donde enterraban a todo aquel que moría de alguna de estas enfermedades.

Igualmente, Valeria Ruiz, nos comentó que en Mendoza, ciudad Argentina que limita con Chile, se  realiza una excursión hasta el avión de los uruguayos que se estrelló en 1972  y que se conoce como la “Tragedia de los Andes”. Allí hacen un “trekking” hasta el avión, te cuentan la historia y te llevan al antiguo hotel que estaba cerca de donde ocurrió la tragedia.

Mildred Acuña nos dijo que en Costa Rica, al turismo del dolor le llaman turismo oscuro  y que se realizó una investigación que arrojó que tienen, aproximadamente, 191 lugares ligados con hechos de dolor, tragedia y muerte. “Lo hacemos desde el rescate a la cultura, al valor y la raíz histórica”, señaló Mildred.

En Perú, nos ilustró Eric Barrantes, existe el Lugar de la Memoria, Tolerancia, e Inclusión Social (LUM), espacio que se enfoca en el período de violencia terrorista entre 1980-2000.

Finalmente, Elba Romero compartió con nosotros que tuvo la oportunidad de estar en Hiroshima, uno de los dos lugares bombardeado con bomba nuclear por Estados Unidos y que puso fin a la Segunda Guerra Mundial. Allí, nos contaba Elba, se realiza un recorrido a modo de recordatorio, colocan un documental que muestra cómo estaba la ciudad antes de estallar la bomba y cómo quedó después. “…hay imágenes que te erizan la piel. Es una forma de mostrar lo que vivieron…”

Muchos son los lugares que pueden servir como turismo del dolor, lo cual no deja de ser una  desgracia. Valga este artículo para recomendar que siempre que optemos por hacer este tipo de turismo lo hagamos libres de prejuicio y morbo, pero sí con mucho respeto, tanto por el que ha muerto o sufrido y por los familiares que les sobreviven.

Vayamos tras la memoria y el rescate de la historia. El aprendizaje que deja cada uno de estos hechos debería de llevarnos a la superación colectiva como raza.

Albida Segura/@parateahitours

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