Yendo al sur para encontrar el norte

A propósito de la Semana Santa que recién terminó, recuerdo que hace cuatro años, junto a tres amigas, decidí hacer un viaje por el sur de España para vivir la experiencia de la Semana Mayor, a dicho viaje lo denominé “Yendo al sur para encontrar el norte”.

La ruta era Granada, Málaga, Sevilla, Cádiz. Toda una semana de aventura y descubrimiento, no sólo de lo que turísticamente ofrecía Andalucía, sino también de una festividad  religiosa vivida desde otro ángulo, desde otra perspectiva, desde la mirada de los españoles.

Cristo

Llegamos a Granada (para ellos Graná) y comenzamos a ver procesiones. Salen todos los días de la semana, menos el Sábado Santo.  Ya en Málaga comencé a deparar en sus vestimentas, todas ambientadas en la época de Jesús o según la cofradía a la que pertenecen. Realmente en las calles no sabíamos a qué cofradía pertenecía una u otra, lo que sí sabíamos es que no se encuentran entre sí, tienen horarios y rutas diferentes y una larga lista de adeptos que con fervor pueblan las calles.

La gente viste sus mejores galas, todo mundo exhibe con orgullo su tradición y las cofradías tienen una soterrada o abierta competencia sobre cuál es la mejor, siendo la más férrea la rivalidad de las cofradías de la Esperanza Macarena y la Esperanza de Triana.

Desde que llegué a Sevilla mi amiga Dania me puso al tanto de esta rivalidad de años: las dos vírgenes, Macarena y Triana, se disputan cual es la mejor procesión de la madrugada del Viernes Santo. Juro que mientras me contaba todo aquello no podía salir del asombro. ¿Cómo era posible que dos hermandades con la misma virgen (diferentes nombres) pudieran estar en este enfrentamiento? Bueno, pues sí, era posible.

La devoción de estos fieles llega lejos. Ha habido veces que han coincidido en las calles la Macarena y la Triana y voz en cuello cada cofradía grita a su virgen: ¡GUAPA! ¡GUAPA! ¡GUAPA! y así dan por hecho que su virgen es la mejor.

Fue genial vivir esta experiencia en el corazón mismo de la ferviente vivencia de esta gente de su fiesta religiosa. Sus complicaciones personales de seguro paseadas por esas calles y expuestas a los pies de un Cristo muerto y resucitado o de su madre virgen, la necesidad de aceptación social siendo parte de esta tradición o la importancia de seguir manteniendo esta costumbre, hace que como mis amigas y yo tantos y tantos turistas vengan a disfrutar cada año de este espectáculo.

Por todo esto y mas, ¡vale la alegría viajar!

@Viajera Segura/@párateahítours

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