Decidí volar, decidí la libertad

-¡A la una, a las dos y a las tres!- gritaban todos y todas a la vez.

-¡Ayyyy es que me da miedo!- respondía yo.

Esto se repitió por  lo menos tres veces cuando estaba ahí, a punto de saltar del Samaná  zipline.

Cuando me dijeron de vivir esta aventura me preguntaba si sería capaz de  tirarame de tan alto, y yo misma me respondía “Quebrántate Álbida, quebrántate. Vence tus miedos”.  Con la más valiente de la actitud me dije que lo haría, pero…volví a pensarlo cuando, casi llegando, me informaron que no era de un solo zipline que tenía que “jondearme”, ni de dos, ni de cinco, sino de 12…o sea, me tenía que tirar una y otra vez hasta que perdiera la cuenta y fueran 12. ¡Uf, mucho con demasiado!

El Samaná zipline tiene una altura de 450 pies de alto y 1200 de largo. También cuenta con un equipo de más de 10 jóvenes que te ayudan y te animan a hacer el trayecto, mostrándote con gracia y creatividad todo lo que pueden hacer en el aire por la seguridad con que cuentan allí.

Aún así lo pensé para tirarme. Ayudó a decidirme el grupo de apoyo con el que andaba, la gente de Siempre Viajero, quienes me echaron porras y decían que yo podía una y otra vez. Y así, sin pensarlo más, !zass me tiré! Uf, qué sensación aquella…estar “volando”, !qué libertad!

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Miraba la inmensidad de aquel lugar. La verde composición de árboles y el cielo relajado y azul… Lo único que se me ocurrió fue agradecer a Dios. Agradecí por permitirme esta nueva experiencia, por cada uno de mis sentidos, por la naturaleza que estaba ahí por y para mí y por permitirme atreverme, sí, atreverme.

Sentí que esta experiencia debía extrapolarla a algunas áreas de mi vida donde debo atreverme más, soltar los miedos. Por eso siempre que tenga retos deberé saltar al vacío, sabiéndome con un gran arnés y unos cables que me sustentan: Dios. Y ni qué decir de esa trulla de gente que tengo conmigo, que me anima y me apoya cada vez que me armo de valor, respiro profundo y decido volar, decido vivir, decido la libertad.

@Viajera Segura/@párateahítours

Curiosidades de esta aventura:

  • La línea más difícil, la 1, es donde decides lanzarte.
  • La línea más corta, la 4.
  • La línea más larga (después de la primera) y a la vez más rápida, la 10.
  • Las líneas donde se hacen tapones, la 7 y la 8.
  • La línea 12, donde me atreví a soltar y abrir los brazos en libertad. Ahí no solo fui feliz, ahí estuve plena.

 

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 Fotos de @augustopenaphoto

2 Comments

  1. Me encantó. Justo sentí esa misma sensación de “atreverme y soltar los miedos” cuando buceé por primera vez el año pasado. Aunque debo decir que no lo quiero volver a repetir. Hay que encontrarle a la vida cómo sacarle las enseñanzas, porque mira una experiencia como esta, nos demuestra lo duras y arriesgadas que a aveces podemos ser. Buena Albi, y espero leer más de tus experiencias viajeras. ❤ Besos desde mi ilsita adoptiva.

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